Motivación y Retribución emocional: un tándem perfecto

Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, frío penetrante, largos meses en la más completa oscuridad, peligro constante, y escasas posibilidades de regresar con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.

Sir Ernest Shackleton

The Times 1914

Así rezaba el reclamo en The Times hace casi un siglo con el que Sir Ernest Shackleton pretendía reclutar a la tripulación que embarcaría en el “Endurance” para una de sus expediciones hacia el Polo Sur.

Pese a que no consiguió su objetivo, la aventura del “Endurance” y el papel de Shackleton se ha utilizado como ejemplo de liderazgo ante situaciones extremas, pero no aportaría nada nuevo en esta entrada dando una vuelta más a este enfoque.

Sin embargo la historia del Endurance también nos sirve en bandeja un ejemplo magnífico en términos de motivación y retribución y para ello, no hay ni tan siquiera que llegar al momento de embarcar, basta con que nos quedemos en el texto del anuncio con el que consiguió llamar la atención de nada más y nada menos que 5.000 hombres para conformar una tripulación de unas decenas.

Tras leerlo una y otra vez, he anclado si cabe aún más la idea en la que siempre he creído sobre la retroalimentación bidireccional de la retribución emocional y la motivación; un círculo vicioso positivo, un proceso simple y sencillo que explica cómo la retribución no material es probablemente la palanca motivacional más potente que existe.

Sin duda alguna, tanto en el siglo XX como en el XXI, el trabajo se realiza para alcanzar una retribución dineraria, sin la que simplemente no pueden materializarse los compromisos a los que la progresiva evolución humana y social nos ha ido empujando. La modernización en su acepción más amplia nos ha condicionado a trabajar en pos de una recompensa monetaria, llegando en la mayoría de los casos a desviar nuestra atención de la retribución que realmente engancha, la emocional.

Es un proceso simple pero de alto impacto; recibir el reconocimiento por parte de aquellos para, por y con los que hemos trabajado en modo de: halagos por el trabajo de calidad realizado, agradecimientos por la ayuda prestada, palmadas en la espalda cargadas de honestidad, sonrisas de complicidad esbozadas entre apretones de mano sinceros… poseen un efecto positivo, que de manera instintiva hace que las interminables jornadas de trabajo y los sacrificios personales que dejamos en el camino cobren sentido. Entonces se produce la retroalimentación, y el reconocimiento en cuerpo de emociones inyecta los estímulos que requiere nuestro sistema nervioso motivacional para mantener nuestros estándares de implicación y alto nivel de desempeño, que serán lo que nos devuelvan el reconocimiento y como ofrecía Shackleton, el honor.

Existen dos ideas que creo necesario destacar de este proceso de retroalimentación.

Si pensamos que la responsabilidad de la retribución emocional recae exclusivamente en la figura del manager en dirección “top-down” asumimos un craso error; todos,  independientemente de nuestro nivel organizativo requerimos dosis de compensación emocional que activen y mantengan las constantes vitales de nuestra motivación en lo más alto, requerimos dosis de retribución emocional “bottom-top” y horizontales, a través de nuestros pares y subordinados, desde nuestros proveedores y clientes… se trata de sentirse retribuido emocionalmente por los cuatro costados, pero esto solo sucederá si nuestro nivel de desempeño alcanza estándares elevados de manera constante en todas direcciones.

Si damos por válido este planteamiento, si leyendo esta reflexión os vienen a la memoria situaciones reales en las que motivación y retribución emocional se entrelazan generando esa retroalimentación positiva, ¿porque no provocamos conscientemente que el circuito funcione más a menudo? Accionar el modo “on” está en nuestras manos, pero es vital entender e interiorizar que el sistema se activa proactivamente por nosotros mismos: si somos emisores de retribución emocional, generaremos  la motivación necesaria en un tercero que a su vez le permitirá desarrollar su trabajo con un alto nivel de desempeño, el cual, a su vez justificará de nuevo percibir un “salario emocional”.

Si todos aplicásemos de forma natural este mecanismo los beneficios organizativos se traducirían más que probablemente en un incremento de la productividad y una mejora sustancial del clima organizativo, pero es preciso que la idea se instale de forma generalizada, se entrene y finalmente se ponga en práctica.

Probablemente Sir Ernest Shackleton era conocedor de este circuito y decidió reclutar su tripulación ofreciendo la mayor recompensa posible: honor y reconocimiento al alcanzar el éxito, sabiendo que eran el botín que generaría la motivación necesaria para alcanzar un objetivo casi imposible.

sin palabras…

Marcos llamó con discreción a la puerta de Jorge, el Jefe de Proyecto, mientras asomaba tímidamente la cabeza por la puerta entreabierta. Eran las 21:33 del viernes.

–          Disculpa Jorge, oye, ¿Qué tal te pillo?, te quería comentar un tema antes de marcharme.

–          Sí, claro, no te preocupes, tú dirás, pero date prisa que tengo que subir a ver al Jefe, ya sabes, no se quedo conforme del todo con el informe que le enviamos y quiere verlo de nuevo conmigo.

–          No te preocupes, no te robaré mucho tiempo, serán solo cinco minutos.

–          Bueno, tú dirás…, aunque supongo que es sobre el timing del proyecto, ¿verdad? Ya sabes que no te puedo dar más tiempo, vamos muy ajustados y si no lo entregamos nos van a caer por todos lados

–          Mira Jorge, no es exactamente sobre el timing del proyecto de lo que te quería hablar… ya sabes que desde hace ya demasiado tiempo he estado tirando del carro a lo bestia, sobre todo desde que salió Elena y no la reemplazamos; sobre todo desde entonces ha sido un no parar…

He estado reflexionando mucho y… verás…, creo que todo el esfuerzo que he hecho en estos dos últimos años tirando de este asunto,… enfin… que no se han traducido exactamente en lo que yo esperaba por parte de la empresa….

–          Pero hombre Marcos, ¿se trata de eso?, joder no te preocupes, ya sabes que dentro de unos meses estamos en proceso de revisión salarial y ya le dije a Recursos Humanos que este año me pasaba por el forro las dichosas bandas salariales, que estabas trabajando como una bestia y que no quedaría más remedio que reflejarlo en la revisión…

–          Ya, ya, gracias Jorge, pero no se trata de dinero, no de verdad que no es eso, hombre a todos nos gusta ganar más, claro está, pero de verdad que no es una cuestión de dinero. Mira, lo he pensado muchísimo, no he parado de darle vueltas a la cabeza durante las últimas semanas, y, lo que te quería comunicar es que he decidido dejar la empresa.

–          ¿Pero qué dices?- replicó Jorge sin dar crédito-, ¿justo ahora que estamos a cuatro meses de entregar el proyecto?, hombre no me jodas, ¿cómo vas a hacer eso?, ya te he dicho que la revisión está al caer y que este año no va a haber problemas, bien sabes que el año pasado fue complicadísimo y al final la propuesta no pudo colar, pero de este año te aseguro que no pasa.

–          Mira Jorge….yo te lo agradezco enormemente pero está decisión me ha costado muchas horas de sueño tomarla y de verdad que lamento decírtelo pero no hay marcha atrás, quería hablar contigo para entregarte la carta de renuncia. No quiero seguir en el proyecto.

Depositó la carta sobre la mesa  indicando que su fecha de salida sería dentro de un mes.

–          De verás que lo siento, haré todo lo posible para traspasar en estas semanas todos los temas pendientes a quien tu me indiques

Se levantó de la silla sereno y tranquilo, sabiendo que había hecho lo correcto y salió del despacho despidiéndose hasta la mañana siguiente.

Jorge no consiguió que Marcos aceptara la propuesta que en ese mismo momento le puso sobre la mesa, un 20% más de incremento  salarial que entraría en vigor una vez finalizado el proyecto.

De camino a casa en el coche, Jorge no encendió la radio como de costumbre. Conducía pensando en la reunión que acababa de mantener, intentando comprender los motivos que le habrían llevado a tomar la estúpida decisión de salir de la empresa, y además, no entendía su actitud dejándole colgado justo en ese momento.

Su obsesión por el impacto que la salida de Marcos tendría en el resultado final,  le impedía recordar que hacía meses que no bajaba a tomar un café con él, su memoria no ubicaba  la última vez que probablemente insinúo de manera efímera delante del director General el magnífico trabajo que Marcos estaba realizando, que nunca se sentó delante de él de manera natural para decirle que estaba haciendo un trabajo excepcional y  tampoco recordaba que las palabras de agradecimiento que esporádicamente le había dedicado, salían del manual del buen gestor y estas eran huecas, vacías, carentes de afecto simplemente lo agradecía porque el manual así lo indicaba.

No era capaz de recordar que durante mucho tiempo omitió una sincera palmada en la espalda acompañada de un simple pero sincero y honesto “Gracias por tu trabajo”.